Federico Dinamita Pereda es una rareza dentro del rock uruguayo, que condena
 
por idiosincrasia local a que sus músicos mantengan una pose de forzada
 
humildad y aparente falta de ambiciones, algo que no aparenta estar en la
 
agenda de este guitarrista y compositor que parece haber decidido adentrarse en
 
un lado del rock que en un principio debería atemorizar a cualquier músico que
 
no haya nacido en los centros culturales donde surgió. Es decir, el rock de
 
raíces, de roots, el rock consciente de su herencia negra y del rol
 
preponderante del swing sobre la potencia y del cuelgue, sobre la repetición de
 
estribillos coreables. Un desparpajo orientado no sólo a reproducir fielmente
 
los sonidos del rythm and blues, el funk y el country originales, sino también
 
a intercalar composiciones propias sin que se note la diferencia entre unas y
 
otras, una confianza ciega en el desempeño en el escenario como un lugar
 
sagrado, que invalida el tiempo y el lugar y donde pelan los que pelan, donde
 
el tradicionalismo pierde fronteras y el espíritu se hace internacional.
 
FedericoDinamita Pereda y su Swinging Factory están lo bastante locos como para
 
creer que eso es posible, y tienen la extraña habilidad de convencer a quienes
 
lo escuchan de que es así. Un purista, un inconsciente y un guitarrista y
 
performer único, Pereda es un bicho raro, o como le decían en otros tiempos, un
 
rockero.